Notas sobre la pandemia

June 16, 2020

Gracias por la invitación a comentar.
Hay distintos modos de entender la mente y las emociones, con el fin atender a las personas afectadas por síntomas psicológicos.


El tipo de conocimientos que se usan para ese fin constituyen las llamadas corrientes teóricas.
Hoy quiero reconocer a las corrientes del pensamiento psicológico que reivindican a la vulnerabilidad. 
Estas escuelas contemporáneas conciben a la vulnerabilidad como una característica subjetiva normal del ser humano, y no como antiguamente se le tendía a considerar como una falla del desarrollo psicológico que llevaba a una respuesta ineficaz ante las situaciones retadoras o abrumadoras de la vida. 


Esta vulnerabilidad es el sentimiento producto de reconocerse -consciente y racionalmente- como limitado para ciertos logros y capacidades emocionales y físicas y para sentirse interdependiente de los seres cercanos, necesitado de ellos, pero gracias a esa interacción importante, también en aprendizaje y constante crecimiento.
Considerando que en etapas previas del desarrollo de la civilización se requería un funcionamiento psicológico basado en la fuerza,  en el dominio y el control de la naturaleza y de los hombres, se comprende que quedaran estos rasgos psicológicos y conductuales signados como valores positivos.

 

Dado que la evolución cultural y tecnológica ha ido desplazado para cada individuo el frente de combate de lo físico a lo psicológico, es decir de la guerra contra los pueblos extranjeros y de la lucha contra los elementos y las bestias hacia la lucha diaria por alcanzar y mantener un sentido  individual de importancia y de trascendencia en la interacción constante con las personas, entonces ocurre que los antiguos valores han ido quedado inadvertidamente obsoletos. 


Quizá mas que obsoletos, pues toda vez que pulsan por manifestarse repetidamente en el individuo en obediencia a la tradición se consolidan como modos mal adaptativos de ser, trastornos de la personalidad los llamaríamos genéricamente.

 

La agresividad que matiza los problemas de pareja, las disfunciones familiares y sociales puede ser entendida como la pervivencia de aquellos los antiguos valores (fuerza, control y dominio) y su expresión -si bien algo atenuada-que sigue ocurriendo en un contexto que ya exige nuevas intelecciones y reacciones emocionales, de modo particular reacciones emocionales y conductas menos polares y más complejas, que incluyan otras potencialidades del ser humano.

 

En este punto podría ejemplificar que hay personas que parecen naturalmente dotadas para ejercer una firmeza que no lastima y un dominio y control que ejercen sus efectos invisiblemente  bajo una capa de suave y cálida interacción; es como si su vulnerabilidad hubiera sido previamente resuelta por la creatividad para el vivir.

Por este motivo entre muchos otros, el reconocimiento de la vulnerabilidad como cualidad psicológica emergente en un mundo en que los seres somos inevitablemente interdependientes, facultaría al individuo común afectado para valiosas tareas como las siguientes:

 

-Sensibilidad a las experiencias emocionales
-Adjudicación de importancia al mundo de lo psicológico 
-Entendimiento de la agresividad (propia y ajena) como la respuesta defensiva ante el sentimiento de una vulnerabilidad herida y no aceptada, y no como una absurda y malvada expresión destructiva
-Capacidad para la expresión verbal de las emociones 
-Reconocimiento sin pena de la vulnerabilidad en si mismo y en los demás 
-Conducta cálida y cuidadosa hacia los demás (en lugar de agresiva/defensiva) o bien de tal modo neutra que despierte como reacción del otro una atenuación de su sentimiento de amenaza/fragilidad, en un círculo virtuoso.

 

Y con todo lo anterior y su lenta generalización en la cultura podría producirse una tendencia social a la Empatía como valor contemporáneo, en sustitución de las antiguas directrices de fuerza, dominio y control.


Empatía y Vulnerabilidad como experiencias subjetivas tienen una relación orgánica en la vivencia de si mismo y de los demás: El reconocimiento de la una modula las expresiones de la otra; mientras mas vulnerable se reconozca y muestre una persona podría ser fortalecida por la empatía de su circunstante inmediato ya sensibilizado, y entonces la persona se convierta a su vez en fortalecedor de otros vulnerables. 


Pero mucho cuidado, pues por otro camino que no sea el reconocimiento de la vulnerabilidad propia, la empatía practicada solo como virtud, resultará en el fondo, en un esfuerzo de autocontrol, de reforzamiento de la voluntad y el autodominio ante lo diferente a mi mismo, es decir un acto de fuerza de voluntad que insensiblemente remeda los valores antiguos.


Contribuciones con este espíritu de ninguna manera riñen con el la tendencia del género humano de defenderse, autopreservarse y crecer, sino solamente explicitan  la diversidad de herramientas que actualmente resultan necesarias y adecuadas al propósito de la superación de la crisis de nuestra civilización.

 

 

 

 

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