El dolor de crecer
- Dr. Junípero Méndez

- 30 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Estimados lectores: esta época del año es propicia para experimentar todas las emociones, y me han solicitado en redes que amplíe el tema del duelo.
El título de esta columna puede parecer, en primera instancia, que se refiere al conocido fenómeno del crecimiento durante la niñez, que hace que duelan las extremidades. Sin embargo, he querido referirme de modo metafórico al duelo psicológico, en particular al estado de tristeza resultante de perder a un ser querido.
La añoranza de quienes ya no estarán este año en cena navideña suele presentarse de manera intensa en nuestras vidas y ahora sólo quedan como recuerdos; de ello regularmente queda una parte de nosotros mismos con una fuerte carga emocional. La tristeza interrumpe el disfrute de la celebración familiar como una cargada que se trueca en llanto.
Y viene la contrarreacción: “Me dicen que ya no llore, que ya deje descansar, no entiendo por qué eso es algo que no se puede controlar”.
Efectivamente, las tendencias sociales de considerar al sufrimiento como algo negativo y que se debe evitar a toda costa, interfieren con un importante proceso del desarrollo psicológico adulto. La superación de los duelos no es la tarea de ya no sentir dolor. No es algo que se debería tratar de evitar o acotar, ya que es una etapa psicológica compleja mediante la cual, los atributos psicológicos de la persona fallecida, ya no estar más en la realidad externa, en la vida pasada del doliente, se trasladan a la vida mental del doliente.
“Me sorprende diciéndolas mismas frases o haciéndolas cosas de la misma forma que las hacía mi padre”. Comentario común tras una paciente. Es decir, lo que se extraña de la persona que se fue es la huella dejada por ésta en nosotros.
La mente, la memoria, es el lugar desde el cual se supera la tristeza de la pérdida, y ocurre al completar la vivencia de la persona perdida para siempre en la realidad externa, vive ahora para siempre en la realidad interna, y no sólo como memoria, sino como parte viva del ser, mediante la incorporación de sus enseñanzas, costumbres, modo de ver el mundo, en fin, mediante hacer propio y permanente aquello que la persona fallecida tenía como atributos mentales y con los cuales nos beneficiaba.
Finalmente, ya internalizado en nuestra persona, no es que se deje de recordar, sino que se siente como presencia interna. Esto es la superación del duelo, un proceso doloroso mediante el cual nuestra personalidad adulta crece, se hace de más herramientas y atributos.
Pero… ¿por qué es importante no evitar el sufrimiento inicial de la pérdida? Porque el dolor es el motor para la internalización de los atributos de la persona perdida, la sed que busca el agua, sed a lo que se debe extraer la esencia de la experiencia.
Entonces… ¿por qué es tan popular la consigna de dejar atrás la pérdida, de cerrar ciclos, de superar rápidamente las pérdidas?
La mentalidad colectiva está fusionada a las tendencias sociales y económicas. La tendencia actual a la satisfacción inmediata de las necesidades emocionales como materiales se trata de aplicar equívocamente también a las necesidades emocionales. Lamentablemente, al evitar los duelos, sugerimos evitar también el crecimiento.




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